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Ser salvaje




Abrí las jaulas.
Quitá uno
diez cerrojos.
Secá el estanque,
que esa agua
regrese por el desagüe
al mar.
Que el aire se lleve
en el oxido
las mallas metálicas;
dejá que suceda.

Poné un pie desnudo
en la tierra,
una mano en las olas,
el lomo en la hierba
y el hocico
contra el viento.

Todo eso te pertenece
y a la vez no.

Pero esta es tu alegría:

una agitación en el pecho
que nace de un eco
hace millones de años
y te hace sentir
por fin
con vida.

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