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Baño de centro comercial





Es todo lo que esperás de una experiencia aséptica.
El azulejo mantiene su orden. La naftalina.
Las ventanas que abiertas, dejan que la bulla
de la calle acapare la acústica del cuarto.
Pero te mirás a vos mismo, vos hecho de carne.
La gran maquina de segregaciones viscosas.
Ese es el olor de tu propia orina.
Caminás en el espejo y te lavás dos veces:
la primera sin ver al espejo,
la segunda despacio, dándote cuenta.
El grifo queda abierto unos segundos de más.
No sabés cómo secarte las manos.

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