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Contra el mar

Esta es una de esas noches,
un foco enorme se suspende
sobre el océano mientras espero que el agua
llegue a los tobillos y me despegue de estos pensamientos.
Lo que me separa del mar
son elementos tan frágiles
como la piel, tendones y unos tantos huesos.
Eso que ruge es el vacío mismo,
millas de nada que intentan succionar
la costa como una gran lengua;
una profundidad que nace en el pecho
y se extiende hasta donde puedo ver
que acaba mi propia razón.
Esto es absurdo y miento
si no digo con toda convicción
de que no soy único.
Lo único verdadero de mi conciencia
es la arena, la sal y la tierra.
Porque sé que ese foco enorme
es una gran piedra que refleja la luz
de otra piedra
no me he vuelto loco;
el mar que me calla y hace insignificante
espera a que llegue flotando algún día
por deseo propio.

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