Dejá la puerta abierta; que la lluvia
golpee con su fuerza y llene de agua
la entrada al cuarto.
Permitime imaginar en esa oscuridad
la huerta que no he plantado,
a los animales que no la habitan
y las horas que no he gastado
arrancando las malas yerbas
del orégano,
de aquella maceta vacía;
de mi propio pecho.
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