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El sabor de la sangre



Vos mordés mi mano
dejando cerrados los ojos
para luego mirarme desde una distancia
parecida a la que un animal
encuentra a sus presas.

En el dorso de la palma
quedan la marca de tus dientes,
saliva en sus costados
y un par de gotas de sangre.

Debés saber que
no es solo en mi mano
donde está la herida

y si te pregunto en voz baja
qué pasa en tu boca

es para fingir,
dar dos pasos
hacia la sombra;
desaparecer en silencio.

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