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La Mala en linea

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El coleccionista

Ju lio Gálvez, recién llegado de Colombia William Eduarte para la MalaCrianza willaseb@racsa.co.cr Una mesa. Sillas con respaldares y asientos blancos. El frío de las siete de la noche y alguien recostado contra la pared, también blanca. Antes de empezar a andar la grabadora Julio extiende una carpeta gigante y empieza a mostrarnos sus trabajos: Grabados, pinturas, fotografías y otros donde mezcla todo lo anterior; esto es sólo una muestra de su obra traída de su país natal: Colombia. Empezamos a hablar a la luz de lo que salta en sus cuadros. ¿Qué diferencia hay entre el trabajo que conlleva un autorretrato a un cuadro no figurativo? - Cuando usted hace un autorretrato es porque tiene una necesidad de verse reflejado en forma literal, no simplemente verse expresado en sentimientos. Algo que hablaba con un amigo es que cada vez que veo uno de mis cuadros recuerdo la emoción con los que los he pintado. Parte mucho de esa referencialidad, que es netamente emocional, o del yo...
(1926-2009) No sé que referencias puedan discribirla mejor que sus textos. Para mi siempre fue una dentro de mis libros de cabecera; siento que se me hubiera ido alguien bastante cercano. Tan cercano que el libro al lado de la cama tiene una mancha roja en su última página. Vals del Ángelus Ve lo que has hecho de mí, la santa más pobre del museo, la de la última sala, junto a las letrinas, la de la herida negra como un ojo bajo el seno izquierdo. Ve lo que has hecho de mí, la madre que devora sus crías, la que se traga sus lágrimas y engorda, la que debe abortar en cada luna, la que sangra todos los días del año. Así te he visto, vertiendo plomo derretido en las orejas inocentes, castrando bueyes, arrastrando tu azucena, tu inmaculado miembro, en la sangre de los mataderos. Disfrazado de mago o proxeneta en la plaza de la Bastilla —Jules te llamabas ese día y tus besos hedían a fósforo y cebolla. De general en Bolivia, de tanquista en Vietnam, de eunuco en la puerta de los burdel...

Y si, tenia razon...

Transtierro

de Gonzalo Rojas I Miro el aire en el aire, pasarán estos años cuántos de viento sucio debajo del párpado cuántos del exilio, II comeré tierra de la Tierra bajo las tablas del cemento, me haré ojo, oleaje me haré. III parado en la roca de la identidad, este hueso y no otro me haré, esta música mía córnea IV por hueca. Parto soy, parto seré. Parto, parto, parto.

Editorial Costa Rica

Han pasado... no se dos o tres años de la publicación de En Cuarentena. Hasta la fecha, las unicas posibilidades de conseguir ese libro están en la misma editorial o en las ferias. A bueno, tambien en Claraluna, porque un dia se me ocurrio comprar y llevarlos. Un error, entre el descuento de la editorial y el porcentaje de la libreria pierdo plata. Sin contar la gasolina/diesel/bus/taxi. Lo interesante es que en su pagina me tienen entre sus autores. Tambien tienen al libro entre sus colecciones. Vale 1600, por cierto. (cuestion de darle mas tiempo y se ponga mas barato). Mañana voy a llamar a preguntar cuantos libros se han vendido, porque de esa venta me corresponde un 3 o un 6%. Quiero saber como se vende un libro que no se distribuye. Porque en la libreria que supuestamente es una exibicion de autores costarricenses, tampoco esta. Esto no es un berrinche. Es un: cuidado, no lo hagan.

La Última Columna

Últimos, los cincuenta metros para llegar a casa. Ultimo, el abrazo antes de montarse al bus. Últimos los segundos del año viejo. Ultimo el hasta pronto cuando nos separamos. Últimos, los pasos en el aeropuerto antes de irnos. Ultimo, el olor a tabaco en la autopista. Últimos los amigos que se quedan en la vela. Ultima la moneda bajo la almohada por el último diente de leche. Ultima esta columna, este espacio que ha sido un intento por respondernos que es ser alajuelenses en épocas como esta; en que precisamente el girar de los tiempos y la maquinaria de la posmodernidad nos hacen revalorar lo que somos. Bajo esta sensación, el fin de semana pasado me toco recorrer Alajuela desde Sarchi hasta Fraijanes. Fue una visión desde el terremoto, desde la baja general en el turismo y las exportaciones; es decir, a través del fantasma de la crisis económica en contraposición a los efectos palpables de una catástrofe natural en nuestra provincia. Gente durmiendo todavía en albergu...

Sobre los vacíos

Estas fechas para algunos son de nostalgia. Se genera una introspección a partir de lo que nos hace verdaderamente falta. Sentimos más grandes los vacíos en la cama, en las fotos de familia, en los abrazos desaprovechados; la cena de navidad con menos platos nos duele tanto como recordar a ese miembro de la casa que siempre se quejaba en voz baja. Yo recuerdo a mi abuelo. Todos los veinticinco que cruzaba la calle para despertarlo temprano. Reunidos alrededor de las sobras del día anterior en el almuerzo y ver la tele aunque no dieran nada bueno. Mi abuelo le daba un sentido a estas fiestas fuera de lo religioso o lo vacacional: para él siempre fueron tiempos de pasar con quienes uno más quería. Como buen alajuelense no faltaban sus bromas, sus sonrisas, sus sorpresas escondidas bajo la manga. Ese detalle que valía la espera del todo el año. Al dar las doce el primero de enero siempre nos decía que ese era su último año. Ahora sé que era su modo de motivarme a abrazarlo más ...

Crucitas

“La verdad a cielo abierto” esta frase, acuñada por la empresa encargada de la mina en Crucitas, San Carlos, no puede dejar de producirme una gran risa histérica. Ese tipo de risa que duele días en el abdomen. Que cuando ve a gente humilde con pancartas apoyando el proyecto, se vuelve angustia. Me trae la imagen de las marchas del Sì cuando lo del T.L.C.; llenas de buses privados, de empleados obligados a su asistencia, de empresas interesadas más en su lucro que en el bienestar social. Recuerdo también que nuestro propio presidente se dio el lujo de anunciar aquello del cambio radical que traería el tratado: sustituiríamos la bici por un carro, la moto por un avión, el andar a pie por un par de alas. Me resuenan estas promesas en las nuevas de desarrollo gracias al oro costarricense. Lo que no dicen es que en Costa Rica una mina del mismo tipo fue cerrada en el 2007. Explotada en Miramar, Puntarenas, por una compañía canadiense como la que apoya al proyecto en Crucit...

El Mar de Alajuela

Este cuento, lo escuche repetido de mi bisabuelo los días en que todavía podía llevarme a ordeñar vacas. El sabia que todas las veces que lo contaba, cambiaban cosas de lugar, nombres de personajes, incluso la exactitud de los acontecimientos en la narración. La primera vez me sorprendió diciendo que el mar tenía sus límites en Orotina, en Los Chiles, en Villa Bonita; contaba la historia de una isla muy parecida a nuestra provincia.   Alajuela flotaba en mar salada y por un gran sacrificio, perdía el derecho a sus costas.   Lo que siempre concordaba en las historias, además del final, era que ese sacrificio ocurría cuando uno de los personajes, llevado por sus acciones, tenia que decidir entre su gran amor o el mar.   A veces eran Yemayá, tatica dios o Sibú los encargados de llevarse el agua salada, dejando un territorio con todas las características de puerto pero sin   olas y agua. Por mucho tiempo, eso me explico porque hacia tanto calor. Porque, por ejemplo, la gente andaba mas...

Por la Pista

A la mayoría que hemos estudiado o trabajado en San José nos ha sucedido. Ese viaje de regreso donde las fuerzas ni siquiera alcanzan para balancearse en el asiento del autobús. La poca luz de los postes de la autopista como un tranquilizante luego de un día cargado de tensiones. Y justo cuando no puede ser mas exageradamente letárgico el viaje, un olor a tabaco marca el acercamiento a casa. Esa sensación de paquete nuevo de cigarros es uno de los signos de que Alajuela se aproxima a las kilómetros por hora hacia el suelo debajo de nuestros pies, hacia el aire que todavía no entra en los pulmones, hacia la noche que no es la misma noche hasta pasado el aeropuerto Juan Santamaría. Ya vendrán la casetilla del peaje, los aviones murmurando en el cielo, las ultimas escalas del transporte publico tan esperadas para llegar a casa. Al parecer cuando uno vuelve todo aquello a lo que ha estado acostumbrado toma un sentido diferente. Que lo digan los pasajeros aéreos que en este momento ve...

Gradería Sol

Diez de la mañana, la gente llena las gradas del Alejandro Morera Soto. Cada uno a su modo; algunos con la camiseta de los rivales de turno, otros de incognito pero con un signo de su equipo favorito. Los menos, aquellos que por primera vez visitan el estadio, posiblemente poco preparados. En ellos pienso, tal vez porque hace varios años que no asisto a un partido de la L.D.A. Y esta vez es lo más próximo a una reinauguración. No es lo mismo que en la tele, acá no hay repeticiones, acá no existen los omnipresentes comentaristas que analizan y discuten cada jugada, acá las gambetas son un pretexto para sacar los gritos acumulados de la semana. Pero por sobre todo el compartir las gradas con los verdaderos fanáticos. Según mi compañero de fila en el estadio José Francisco Barrantes: “es religión, necesidad, rito y costumbre. No importa el marcador o el partido. El estadio es parte de uno en sí.” Y justamente es en el estadio que esa gente desde temprano, ya sea dentr...