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N1973 8:20 pm

Bajo el letrero de reservado una mujer cansada encuentra lugar en la linea uno dirección observatorio. A su lado otra mujer más joven sostiene en sus regazos a una niña de casi un año de edad. La primera, la mayor, cierra sus ojos, parece pensar en su casa. La madre carga una mirada vacía. Entre las dos la niña se deja sorprender por los grandes botones del abrigo de una desconocida. Se inclina, estira sus manos, los roza con sus dedos. Durante el trayecto que separa a Juanacatlan y Tacubaya la niña se pierde en un reflejo mientras su madre la acomoda sola en un asiento. La primera mujer las olvida; intenta recordar que con sus ojos cerrados estuvo muy, muy lejos de este vagón ahora detenido.

La facultad del habla

Tomemos de las palabras su desacierto y su certeza. El lado débil, áspero, el inconsciente. Las palabras que se marchitan en la boca, las que vuelven a la vida por la saliva y el acento grave de la sangre. Volvamos de las frases sin su carga. Tapá mi boca, tu boca. Liberemos esta incomodidad para callar, para abrazar lo que saben pronunciar mejor las manos. Tomemos las palabras y apartémonos de su dolor, su alegría, su pena. Que nos quede nada más un gemido, un arrullo; el cuerpo como un animal indefenso.

Sobre el pánico

A vos te gustaría deshacerte de tus ojos, ir entre las paradas y los autobuses reconociendo de sus caras solo figuras oscilantes que luego se desvanecen. Buscá entre esas sombras algo más cierto que ese millón de personas cruzando una ciudad que se va quedando vacía. Algo más cierto que la falta de aire, la leve sudoración en las manos y el vidrio opaco desde donde ves al mundo.

Ser salvaje

Abrí las jaulas. Quitá uno diez cerrojos. Secá el estanque, que esa agua regrese por el desagüe al mar. Que el aire se lleve en el oxido las mallas metálicas; dejá que suceda. Poné un pie desnudo en la tierra, una mano en las olas, el lomo en la hierba y el hocico contra el viento. Todo eso te pertenece y a la vez no. Pero esta es tu alegría: una agitación en el pecho que nace de un eco hace millones de años y te hace sentir por fin con vida.

Mar de la Lluvia

( Mare Imbrium ) Una voz desde tu boca hace que la lluvia parezca eterna; una cortina en la que estás en tu forma más borrosa. Es esta la distancia que hemos escogido, los pasos y los charcos que sin alejarnos nos separan. Escuchá, esos golpes diminutos en el suelo saben explicarse mejor que nosotros dos.

Asociación libre

El sueño en el que una calavera de un animal amanecía en tu cama. Ese que recordaste cuando caminabas y veías en tu sombra cosas que no sabemos nombrar. Te detuviste tratando de dar a todo esto un significado. Las nubes hicieron que tu sombra fuera otra vez concreto. Pero vos detenido, con una sensación de ahogo te fijaste en que el próximo paso es incierto, la siguiente respiración. El sueño, la calavera de un animal que tomaba tu cama y se reía; se ríe.

Posesión

Los animales se encuentran. Hay algo de plaga cuando uno se sube sobre el lomo del otro, tomando el dolor y una forma de placer que los asfixia. Casi sin aire se roban mutuamente el aliento. En sus ojos aparece una nueva forma de temor; ven en el otro a la muerte. Los animales se encuentran. Los animales se buscan. Los animales se padecen para luego extinguirse.

Reminiscencia

Este costado esta lleno de heridas que ya no sangran. Tomá una lanza, escogé bien las palabras y dejá que el piso se manche. Ahora mi costado esta lleno de heridas mudas. En la sangre seca se repite de algún modo un lenguaje que ya no existe.

Atrapar un pez

Debí nacer pescador pero lo que sé de los barcos es por la memoria de mi abuelo. En ella el mar dependiendo desde donde estemos es infinito o es un charco. Siempre fuiste un gigante hasta que ya nunca más pudiste ponerte de pie; te convertiste en un hombre más pequeño e infinito al mismo tiempo. Vos decías que existe algo como un mar entre las personas; pero el día que te enterramos yo intenté cruzar ese mar y fue inútil. Todavía tiro los anzuelos en otro tipo de aguas mientras nuestra memoria sigue llena de redes y peces.

La llamada

Mi perra va al bosque y desde la distancia escucho como le ladra a los otros animales. Luego regresa a su plato, al agua del tubo y a las almohadas tibias. Yo le cierro la puerta para que no salga durante la noche. La perra siempre esta inquieta y mirando la oscuridad se refugia en mis manos. Es un animal domestico que nunca sabrá lo que es ser libre o salvaje.

Los pájaros golpean

                                 para Marce y Gustavo La ventanas de la casa son una trampa para los pájaros. No sé por qué los confunde el vidrio. Salgo, recojo uno de los cuerpos y en una loma abro un hueco pequeño. Cuáles son las palabras que merece un animal libre confundido por un reflejo. Otro pájaro golpea en otro lugar esta vez. Pienso en el saldo y la cuenta con el banco, en la pastilla para dormir, en el domingo y los partidos de fútbol. Un reflejo aún más grande hace que de alguna manera  entienda a esos pájaros  que rodean mi casa ya bajo tierra.

Anti poética

La primera derrota es contra el ansia; el animal enfermo que hace visceral lo que no existe en las palabras. La segunda y la tercera son las palabras mismas, su peso, su ancho, su fijación en el oído medio. Las otras derrotas no es necesarias contarlas. Bajo la cabeza, trato de estar quieto: una herida invisible hace que agonice y escriba.

Ciudad

Un llanto un llanto de mujer interminable, sosegado, casi tranquilo. En la noche, un llanto de mujer me ha despertado. Primero un ruido de cerradura, después unos pies que vacilan y luego, de pronto, el llanto. Suspiros intermitentes como caídos de un agua interior, densa, imperiosa, inagotable, como esclusa que acumula y libera sus aguas o como hélice secreta que detiene y reanuda su trabajo trasegando el blanco tiempo de la noche. Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto, hasta los solares donde se amontonan las basuras, bajo las cúpulas de los hospitales, sobre las terrazas del verano, en las discretas celdas de la prostitución, en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas, con el tibio vaho de ciertas cocinas militares, en las medallas que reposan en joyeros de teca, un llanto de mujer que ha llorado largamente en el cuarto vecino, por todos los que cavan su tumba en el sueño, por los que vigilan la mina del tiempo, por mí que lo e...

El sabor de la sangre

Vos mordés mi mano dejando cerrados los ojos para luego mirarme desde una distancia parecida a la que un animal encuentra a sus presas. En el dorso de la palma quedan la marca de tus dientes, saliva en sus costados y un par de gotas de sangre. Debés saber que no es solo en mi mano donde está la herida y si te pregunto en voz baja qué pasa en tu boca es para fingir, dar dos pasos hacia la sombra; desaparecer en silencio.

Cuarto sin jardín

Dejá la puerta abierta; que la lluvia golpee con su fuerza y llene de agua la entrada al cuarto. Permitime imaginar en esa oscuridad la huerta que no he plantado, a los animales que no la habitan y las horas que no he gastado arrancando las malas yerbas del orégano, de aquella maceta vacía; de mi propio pecho.

Animal Salvaje

Escuché un pájaro en el otro cuarto. Uno pequeño que tal vez ha quebrado el vidrio de la ventana y está desangrándose en este momento. Pero ya no escucho nada. La puerta sigue cerrada y en mi cabeza, al otro lado, un animal salvaje se encuentra entre la vida y su muerte. La puerta sigue cerrada y en mi cabeza la muerte es solo eso: un animal salvaje que no tiene otra salida.

Aeropuerto en Barajas

(Incandescencia) Así que vos pasás y del aire bajan calcinados los aviones de papel de mi infancia. De esas cenizas algo intenta elevarse. Algo parecido a las palabras dichas que no se van a repetir nunca. Vos olés a gasolina y el cielo es una entrada gris a países que no conoceremos juntos. Por eso son peligrosos estos acercamientos. Las frotaciones en medio de un ambiente inflamable. Los pensamientos como una llama oscura y turbia. Vos pasás y todo lo que esta detenido no te busca ni te nombra; solo siento que el humo de una turbina, allá afuera sale de mi boca.

Aeropuerto en Domodedovo

(Las terroristas Amanta y Roza Nagayeva) Afuera caen los aviones. Se deslizan del aire a una pista de hielo que no existe. En el cielo su fuego es una flor diminuta convirtiéndose en humo para siempre. De mi corazón escucho una música lenta, que me hace recordar lo que vos me prometías al ver las montañas. ¿tendrá algo de tu sangre su nieve? Ya salgo hermana, esperame; este taxista no sabe que me condena a muerte. ¿tendremos un lugar, arriba, para escuchar como llora al reconocer mi rostro, mañana, en las noticias?

Aeropuerto en Newark

(nuestros muertos) Te sentás en una mesita. No pensás, no  dejás que te afecte. Pero del borde algo se cae y desaparece en la alfombra que pisan los extraños, dos, tres mil días al año. Cojés el café, ese agua rancia para ser exacto y flota en su aire un ardor expansivo por tu pecho. Te levantás de la mesa. Dejás de pensar. En esas grandes ventanas descubrís todo cubierto de nieve y empezás a escuchar a todas esas personas en transito, intercalando países, desconociéndose mutuamente hasta que llegan a una casa que hacen propia con el pasar del tiempo. Ves en ese pensamiento una familia al fondo de un pasadizo en otro aeropuerto más pequeño. Casi nadie llora, solos vos y un hombre, otro extraño. El recoge una billetera de una alfombra y adivina en una de sus fotografías a otra familia que también se encoge con el pasar del tiempo.

Caer bajo la noche

Alguien que grita es sobretodo, una capa de nervios deslizándose por la noche. Eso que escuchás y que te toca desde los extremos de la oscuridad es algo roto, sin rostro, con la voz deforme pasando por una garganta. Un grito hace eco dentro de cualquier cuerpo; por eso temblás y muy dentro de vos, el grito se repite en el escalofrío que se revuelca por la espalda, la cama, el vidrio de las ventanas. Mirás hacia la nada, bajás las cortinas, llevás al silencio a otra parte. Pero alguien que grita, que vuelve a gritar y que se ahoga en su propio grito hasta callarse es, por sobre todas las cosas, alguien que se desliza por la noche hasta romperla.