Siento el ahogo.
Una mano invisible
se estira dentro
y me saca las palabras.
En mi casa
hay un montón de espejos
que gritan. Todos con el mismo silencio.
Las ventanas del edificio en la esquina reflejan parte del cielo. Sobre los autos y las personas que pasan algo de esta tarde transforma su paso cotidiano; somos ese reflejo que pasa de la luz a la sombra. Ese instante acabándose siempre.
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