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Menos de 5 mm de diámetro

1
No sé quién los encontró, pero estos cuerpos en la orilla se pueblan de curiosos.
             Que preguntan.              Que murmuran.
Sus miradas no les alcanzan
para abarcar la costa.
Alguien deja caer la tapa
de su refresco gaseoso. La multitud que crece
la desaparece en la arena.
Esta especie obsesionada con los monumentos
la sobrevivirán sus desperdicios.



2
         Abren          el estomago de los cetáceos.                                         Plástico. Luego los de algunos peces.                     Plástico.
De los mamíferos más cercanos.                                       Plástico.
Llegado el momento se preguntan por sus propias entrañas.
                         Plástico. 
Llegado el momento
se preguntan
por su comida recalentada.
                         114 partículas por plato.


3
Hoy tendrán esta pesadilla:
se imaginarán encallando                en alguna orilla
                …
Entradas recientes

La isla que desaparece

Te quedás sin nada
porque nada nunca
ha sido tuyo.
Flotás en la superficie sobre el reflejo del cielo.
No queda nada de vos
y ahí seguís

vacío.

Bandas elásticas de pelo

Abrís la llave.
Te apartás a la espera
de la resistencia
mientras te desnudás.
Cerrás esa suerte de puerta
transparente que te separa del baño.
Y te dejás bajo la ducha,
que está calentando, apenas.
El agua baja por tu cara
y te hace mantener los ojos entreabiertos.
Una de tus manos busca la llave,
disminuye la intensidad un poco
para que esa resistencia funcione.
Pero encontrás algo escondido,
apartado del mundo por mucho tiempo.
El vapor empaña lentamente
los reflejos en este cuarto blanco,
en este momento en el que
sabés qué es eso que tocás
como si fuera otra persona
bajo el agua ya caliente. Otra persona dividida
en tu memoria por la distancia,
el paso de los años, el silencio.
Te apartás a la espera
de una resistencia.
Dos cuerpos desnudos
tiemblan por culpa de otro tipo de frío y son disueltos
por la humedad
en el ambiente.


Noche estrellada

Quisimos volver
pero ya no hay nada
a lo que volver,
nadie nos espera.

No encontramos las marcas en el suelo donde nuestra casa tuvo su sitio.

Nada de la diminuta ropa intima
secándose en este lugar desolado.

Somos apenas
figuras en el paisaje
que levantan paredes en el vacío,
gemidos en el silencio.

Quisimos volver ya muy tarde.
Tampoco somos los mismos;

esto que pensamos
es amor
también lo sentimos
ajeno.

Empuje hidrostático

El sol al mediodía
es un punto de luz absurdo.
La superficie del agua se calienta.
Casi no podés mantener abiertos los ojos,
en tus parpados habita
una mancha incandescente.

Te mantenés a flote.
Sobrellevás el paso del tiempo
ensimismado en tus otros sentidos.
No sabés si eso es suficiente
para construir una realidad.
Partes de tu cuerpo
emergen y se sumergen en el mar.

Es así que escuchás algo
muy, muy lejano.

Un grito
de alguien que al igual que vos
se está ahogando.



En la mitad del océano

La cima de tu cabeza
se puebla de figuras míticas.
Cada una te sirve
para explicarte todo aquello
que no entendés del mundo.

Un rayo cae
y tu cuerpo se encorva;
le pertenecés a lo desconocido
y al miedo.

Tocás una piedra
a la que has dado forma.

-No soy nada. (Es verdad)

-Ten piedad de mi.
La reverencia acaba.

Ya no temblás.
Ya no te preguntás
qué es ese brillo
en mitad de la noche.

La cima de tu cabeza
flota sobre el agua.

Vas a la deriva
en la mitad del océano.


El nacimiento de una isla

Tus pasos te llevan.
Ha pasado la peor parte del día; el calor ha bajado
y ya no sentís esa presión
en la parte del cráneo.

Al lado el mar, tu sombra,
miles de pedazos de plástico enterrados en la arena.

Se forma el horizonte a tus pies; las huellas en el agua turban el reflejo del cielo. 
Te detenés esperando
que se vuelven a concretar sus nubes,
un pájaro, dos o tres montañas oscuras.
La marea sube
hasta que el pájaro
hace un nido en tu cabeza.

Sos la isla       y     nada   importa.