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Larga Distancia

Nos habían dicho que nuestra casa era de aire y tenia tantos pisos como nuestros dedos. Que en ella entraba el sol a todas horas, que en ella entraban las personas y no salían nunca, que en ella el pan era blanco y la leche tibia. Y de alguna forma nos acostumbramos a eso: las paredes invisibles, las camas y las multitudes; esa sensación de tranquilidad anidando en el vientre.
Ahora nuestra casa es apenas lo que intentamos hacer para acompañarnos. Los abrazos apilados en las mesitas de noche de los hoteles. Rodamos y nos faltan las gentes que se ven en estas fotografías. La palabra madre se sienta en un rincón y llora, la palabra padre nos ve al espejo y nos sacude el rostro con sus ojos. Nos consolamos con lo que parece un recuerdo. Los ecos de la cafetera, el olor a sándalo en las camisas, el tacto de alguien que no vendrá hoy a comer.
Nos habían dicho que nuestra casa era próxima como el cielo.
Ahora estoy cayendo.

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Cuartos casi vacíos

vas a comprar una cama estrecha
para quién se acueste en ella
tenga que tenerte cerca

tener solo una sábana una cobija
para que sea la noche
y sea el frío
comprar una cama estrecha
de la que no puedan
levantarse
ni escapar

hoy
vas a dormir e imaginarlo

directo en las lozas           que son lo más cercano
          que estás de la tierra

su cuerpo late en algún lugar
y lo escuchás
vas a comprar una cama estrecha
para que se acerque y sea la noche pero ya no más este inmenso e insoportable frío

La paradoja de Schrödinger

Si las corrés, las cortinas,
van a pasar 10 años; flacos, alegres, cortos. La sucesión de estaciones
llenas de lluvia, y el frío y la sequía.
Vas a ser otra persona
y con una foto diferente
en todos los documentos personales.

No te reconocerías
pensando lo mismo que ahora:

no he pagado los recibos,
tengo que adoptar un gato
y si no abro la cortina, puedo ignorar si es de mañana

tal vez
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Holoceno

No hay nada
después de matar
a un animal.
De qué te sirve vos
la certeza de su cuerpo que se suspende sobre la inmortalidad;

ese tiempo
detenido
en sus peores horas.

La sangre, el vacío dentro de unos ojos,
el olor a pólvora.

No hay nada
pero temblás;

ya no te podrás salvar
nunca.