Ir al contenido principal

último retrato de pareja

Me ha quedado la música de la casetera. Las plantas marchitas del jardín. La anestesia a la que llamo tabaco, alcohol, o futbol. Pequeñas cosas que todavía encuentro, como alguna prenda intima o las dedicatorias en las primeras paginas de los libros.

Me ha quedado la espera, que ya no suena ni florece y se hace una mancha en la pared. Quizás al próximo inquilino no le moleste. O tal vez remodele la casa y dejen de recordarnos por los restos que se acumulan en las cornisas.
Por eso pienso en la mudanza, la hora en que abandone esas cosas que seguían gritando tu nombre como si nos sirviera de algo. Pienso olvidar el numero de esta calle, el de las ventanas, o la frecuencia de la luz de la bombilla. También a los vecinos que llamaron quejándose por el ruido. Pienso en eso, en el olvido como si fuera posible.

Y me quedo con lo único que quiero llevarme conmigo: aquella noche que aún pasados los años parece no alcanzarnos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Golden record

nuestra existencia se disipa en el cluster número doscientosytantos una supernova nos manda su afecto
más rápido que la luz

y nosotros

lanzamos un par de bombas atómicas sobre pueblos llenos de civiles 500 metros sobre una cancha de tenis, a medio camino entre un arsenal y una fábrica de acero

necesarias como el plástico residual en los estómagos de las ballenas
o la epidemia de sífilis provocada a esas mujeres guatemaltecas
debimos dejar precisos los monumentos de esta estupidez
la extinción diaria de 150 tipos de animales las emisiones contaminantes de los volkswagens los pastores y los que pagan su diezmo a cambio de sus promesas los pedófilos que durante décadas ocultó la iglesia católica apostólica y romana
porque los discos dorados en el voyager 1 sus 56 saludos en distintos idiomas y toda nuestra música son de un tipo de ficción que esta especie extinta no se merece

Fobos

Tal vez te acostumbraste a vivir
cerca de los aeropuertos,
dentro de su incertidumbre horaria
y el rango de contagio a ciertas enfermedades
que no saben nada del control de aduanas.
Te hiciste por dentro con el murmullo de las turbinas,
y ese motor lo has confundido siempre
con el dolor, malsano,
que además se ha hecho uno
con las cardiopatías que te inventás
al dormir con frío y sin compañía.
Tal vez te acostumbraste a la vibración
en los cristales de esta casa.
A mirar con desconfianza a los turistas
que te piden direcciones en un idioma extraño.
A no ser vos la persona en la sala de espera,
que pasa las hojas de su pasaporte para deletrear
cada país que ha visitado en los últimos 6 años.
Tal vez ahora cerrás los ojos y escuchás una explosión propagarse por la troposfera. Te sorprendés, inmóvil, sin intentar despegar
tus parpados. Atento a ese raro silencio. En las paredes, los muebles, los vasos de agua. Es un tipo de calma que nunca había
existido en tu vida.

Algo se rompe …

El nacimiento de una isla

Tus pasos te llevan.
Ha pasado la peor parte del día; el calor ha bajado
y ya no sentís esa presión
en la parte del cráneo.

Al lado el mar, tu sombra,
miles de pedazos de plástico enterrados en la arena.

Se forma el horizonte a tus pies; las huellas en el agua turban el reflejo del cielo. 
Te detenés esperando
que se vuelven a concretar sus nubes,
un pájaro, dos o tres montañas oscuras.
La marea sube
hasta que el pájaro
hace un nido en tu cabeza.

Sos la isla       y     nada   importa.