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último retrato de pareja

Me ha quedado la música de la casetera. Las plantas marchitas del jardín. La anestesia a la que llamo tabaco, alcohol, o futbol. Pequeñas cosas que todavía encuentro, como alguna prenda intima o las dedicatorias en las primeras paginas de los libros.

Me ha quedado la espera, que ya no suena ni florece y se hace una mancha en la pared. Quizás al próximo inquilino no le moleste. O tal vez remodele la casa y dejen de recordarnos por los restos que se acumulan en las cornisas.
Por eso pienso en la mudanza, la hora en que abandone esas cosas que seguían gritando tu nombre como si nos sirviera de algo. Pienso olvidar el numero de esta calle, el de las ventanas, o la frecuencia de la luz de la bombilla. También a los vecinos que llamaron quejándose por el ruido. Pienso en eso, en el olvido como si fuera posible.

Y me quedo con lo único que quiero llevarme conmigo: aquella noche que aún pasados los años parece no alcanzarnos.

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Cuartos casi vacíos

vas a comprar una cama estrecha
para quién se acueste en ella
tenga que tenerte cerca

tener solo una sábana una cobija
para que sea la noche
y sea el frío
comprar una cama estrecha
de la que no puedan
levantarse
ni escapar

hoy
vas a dormir e imaginarlo

directo en las lozas           que son lo más cercano
          que estás de la tierra

su cuerpo late en algún lugar
y lo escuchás
vas a comprar una cama estrecha
para que se acerque y sea la noche pero ya no más este inmenso e insoportable frío

La paradoja de Schrödinger

Si las corrés, las cortinas,
van a pasar 10 años; flacos, alegres, cortos. La sucesión de estaciones
llenas de lluvia, y el frío y la sequía.
Vas a ser otra persona
y con una foto diferente
en todos los documentos personales.

No te reconocerías
pensando lo mismo que ahora:

no he pagado los recibos,
tengo que adoptar un gato
y si no abro la cortina, puedo ignorar si es de mañana

tal vez
diez minutos más.

I Put A Spell On You

la versión de Nina
Deseás ser la pausa en su respiración.
La vibración de sus vasos sanguíneos. El nombre que muerde y calla.
El nombre quieto en su memoria.
Deseás que venga y te deje repetir su nombre
por la pura inercia del ambiente.

Y la deseás.
Es ese el peso de su nombre. Vos mismo se lo has dado.

Te absorbe.
Y la deseás.

Más allá de ella misma.
Más allá de lo que vos sos.

Esta espera es lo único que existe.

Y tu deseo.