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Poesía

Solo soy amigo de una flor
que se llama silencio
Leopoldo María Panero


4

La muerte no es la causa, ni las manos negras o la gangrena en la planta del pie izquierdo. Nada de esas enfermedades tiene que ver conmigo; yo escucho voces desde el fondo del tanque aséptico.
Cierro los ojos y es igual que tenerlos abiertos. Solo veo voces. Solo las escucho.
Me someto despacio y vomito en una hoja. También se vuelve negra. Llena de voces que casi ni entiendo.


5

Todos los días amanece igual y una luz negra se apodera de mis ojos.
Siento pesado el cuerpo, la boca, los dientes que nada muerden.
Si tuviera alma esta seria una piedra.
Pero esa es otra enfermedad que nadie me ha contagiado.

Escucho voces que me obligan, que me acusan contra el suelo.
Y me duele la sangre, como si de ella gente saliera fuera y regresara.
Gente con punzones.
El dolor es el que me duerme todas las noches.



6

Grito hasta que este dolor se transforma también en grito.
Hasta que del dolor saco la peor parte de lo que he sido,
la parte más enferma.
Entonces veo a esas hojas en blanco como flores que mis gritos envenenan.
Esas flores oscuras que parecen el alimento de animales casi muertos.
Las voces en mi cabeza comen esas flores repletas de garfios.

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