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Música para una despedida



Aunque la viruela dejo ciego a Turlough Carolan,
en Irlanda todavía se le recuerda por sus bromas,
su cólera y sus canciones.

Una vez cante para una mujer
que vestía a la niebla.
Su corazón
lo habitaba ese vapor de agua.

De alguna manera ame a esa mujer
hasta que mi voz no fue más
que la noche y el viento.

Ella,
como todo lo que toca recordar
hasta la vejez,
desapareció.

Ahora solo canto
después de la lluvia;

mis canciones se deshacen
antes de tocar el suelo.
 

Comentarios

Estimado William: es un bello poema, aunque extraño la violencia esotérica de tu poesía. Saludos...