Ir al contenido principal

Música para una despedida



Aunque la viruela dejo ciego a Turlough Carolan,
en Irlanda todavía se le recuerda por sus bromas,
su cólera y sus canciones.

Una vez cante para una mujer
que vestía a la niebla.
Su corazón
lo habitaba ese vapor de agua.

De alguna manera ame a esa mujer
hasta que mi voz no fue más
que la noche y el viento.

Ella,
como todo lo que toca recordar
hasta la vejez,
desapareció.

Ahora solo canto
después de la lluvia;

mis canciones se deshacen
antes de tocar el suelo.
 

Comentarios

Estimado William: es un bello poema, aunque extraño la violencia esotérica de tu poesía. Saludos...

Entradas más populares de este blog

Una estrella lo suficientemente distante

Las ventanas del edificio en la esquina reflejan parte del cielo. Sobre los autos y las personas que pasan algo de esta tarde transforma su paso cotidiano; somos ese reflejo que pasa de la luz a la sombra. Ese instante acabándose siempre.

El Menos de la Familia

Aca algunos rostros de mi mania de reproduccion. Para la Violenta con cariño.

Russell museum

The cleaning lady te saluda cada vez que te encontrás con ella en las salas cada vez más blancas y llenas de gente. Bajás por un té y ella casualmente también está ahí, en busca de una silla para vos porque el lugar está lleno. -Yo no sabía que los museos podían ser esto. Pensé que estaban llenos de cosas viejas- te dice la seño de ojos almendrados, de arrugas azules y voz de terciopelo. Vos tampoco sabías que el arte es una señora de limpieza que te invita a tomar asiento cuando no hay ningún espacio en ninguna sala.