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Faquir




Han pasado algunos meses
desde la primera vez
que subieron juntos
al metro.
Ella de alguna manera
se ha encariñado
con la más pequeña
del albergue;
tiene en la mirada
algo que intimida
a la gente.

Él extiende
un paño lleno
con pedazos de botella.
Luego camina
de un lado a otro
mientras enseña
las cicatrices
de su espalda.

Ella lo sigue una vez.
Extiende su mano,
habla
recorriendo
las líneas en el piso.

Las tres veces
que él golpea el paño,
pequeños vidrios manchados
de algo parecido a la sangre
caen a los pies de los pasajeros.

La niña se asusta
y empieza a llorar.
Ella le dice algo al oído
que la hace callarse
rápidamente.

Al abrir
de nuevo las puertas
la sangre ya se ha secado;

y las lágrimas,

y las líneas
en sus manos.

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