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Uróboros


Aquí para abrirnos los ojos
Sólo las cenizas se mueven.
Paul Eluard




El viento la trae. La ceniza viene de todo lugar.
Pasás un dedo y dejás en el mueble, un camino. No va
a ningún lado. No significa nada. Luego los días lo tapan
con otra capa oscura. Pero yo siempre sabré el lugar,
la exactitud de tu índice, el trazo en la cocina.
Despertaré en otra década por culpa de la fricción
que genera esa marca. Escucharé tu risa, el portón de
esta casa y el ladrido de los perros. El viento te traerá
y te desvanecerás justo en la puerta.
Qué hago con esa ceniza, qué hago si es interminable
y viene de todo lugar en el que ya no estás.

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Cuartos casi vacíos

vas a comprar una cama estrecha
para quién se acueste en ella
tenga que tenerte cerca

tener solo una sábana una cobija
para que sea la noche
y sea el frío
comprar una cama estrecha
de la que no puedan
levantarse
ni escapar

hoy
vas a dormir e imaginarlo

directo en las lozas           que son lo más cercano
          que estás de la tierra

su cuerpo late en algún lugar
y lo escuchás
vas a comprar una cama estrecha
para que se acerque y sea la noche pero ya no más este inmenso e insoportable frío

La paradoja de Schrödinger

Si las corrés, las cortinas,
van a pasar 10 años; flacos, alegres, cortos. La sucesión de estaciones
llenas de lluvia, y el frío y la sequía.
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Holoceno

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ese tiempo
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en sus peores horas.

La sangre, el vacío dentro de unos ojos,
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No hay nada
pero temblás;

ya no te podrás salvar
nunca.