Ir al contenido principal

San Rafael, 3 a.m.


Una hoja de papel se quema, se escapa, rueda por la calle. Un taxista grita a la señora del quiosco improvisado regañándola por su derroche de recursos. Todos reímos. Veinte metros mas tarde son cenizas lo que se extiende por el asfalto. Trescientos colones por el café, un tanto mas por el pastelillo de papa. La señora entre bromas, explica que se le habían acabado los fósforos, que solo improvisaba; que ya esta por irse. Bajando las gradas, de regreso al hospital es como si el incidente cobrara más importancia que la trasnochada que cargamos. O que la persona adentro vigilada por los doctores. Una forma de olvidarse de los verdaderos problemas y remplazarlos por cotidianeidades de una ciudad con un gran hospital nuevo. Los vendedores ambulantes, al fin de cuentas, son una especie de salvamento. Mas allá de la tarifa y el servicio. Mas allá de que cinco minutos en la sala de espera nos regrese a la misma preocupación anterior y que con los demás presentes compartamos la madrugada.

Cuando son las tres de la mañana en un hospital, uno es un poco como esa hoja que se quema, a veinte metros de todo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Golden record

nuestra existencia se disipa en el cluster número doscientosytantos una supernova nos manda su afecto
más rápido que la luz

y nosotros

lanzamos un par de bombas atómicas sobre pueblos llenos de civiles 500 metros sobre una cancha de tenis, a medio camino entre un arsenal y una fábrica de acero

necesarias como el plástico residual en los estómagos de las ballenas
o la epidemia de sífilis provocada a esas mujeres guatemaltecas
debimos dejar precisos los monumentos de esta estupidez
la extinción diaria de 150 tipos de animales las emisiones contaminantes de los volkswagens los pastores y los que pagan su diezmo a cambio de sus promesas los pedófilos que durante décadas ocultó la iglesia católica apostólica y romana
porque los discos dorados en el voyager 1 sus 56 saludos en distintos idiomas y toda nuestra música son de un tipo de ficción que esta especie extinta no se merece

Fobos

Tal vez te acostumbraste a vivir
cerca de los aeropuertos,
dentro de su incertidumbre horaria
y el rango de contagio a ciertas enfermedades
que no saben nada del control de aduanas.
Te hiciste por dentro con el murmullo de las turbinas,
y ese motor lo has confundido siempre
con el dolor, malsano,
que además se ha hecho uno
con las cardiopatías que te inventás
al dormir con frío y sin compañía.
Tal vez te acostumbraste a la vibración
en los cristales de esta casa.
A mirar con desconfianza a los turistas
que te piden direcciones en un idioma extraño.
A no ser vos la persona en la sala de espera,
que pasa las hojas de su pasaporte para deletrear
cada país que ha visitado en los últimos 6 años.
Tal vez ahora cerrás los ojos y escuchás una explosión propagarse por la troposfera. Te sorprendés, inmóvil, sin intentar despegar
tus parpados. Atento a ese raro silencio. En las paredes, los muebles, los vasos de agua. Es un tipo de calma que nunca había
existido en tu vida.

Algo se rompe …

El nacimiento de una isla

Tus pasos te llevan.
Ha pasado la peor parte del día; el calor ha bajado
y ya no sentís esa presión
en la parte del cráneo.

Al lado el mar, tu sombra,
miles de pedazos de plástico enterrados en la arena.

Se forma el horizonte a tus pies; las huellas en el agua turban el reflejo del cielo. 
Te detenés esperando
que se vuelven a concretar sus nubes,
un pájaro, dos o tres montañas oscuras.
La marea sube
hasta que el pájaro
hace un nido en tu cabeza.

Sos la isla       y     nada   importa.