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07 Febrero MALACRIANZA

Pestobismol`s (fucking) Year

William Eduarte Briceño

Empezamos con el empleo de las malas palabras, ni siquiera en nuestro idioma, ni siquiera en nuestro verdadero grado de acidez post anual dosmilsiete para el carajo. ¿Cómo no sufrir de gastritis luego de un año así? Gano el Si, se nos fue Ray, tenemos dos meses sin malacrianza, Oscadrigo ni cerca de irse de Zapote y encima se viene un suplementonacion competencia del semanario.

Fue el año pestobismol, el año leche de magnesia, el año te de manzanilla. Claro, de este lado los malcriados recibimos todo con las entrañas, de la forma más viseral posible. Porque así respondemos, cada uno a su manera y cada uno desde su lugar.

De ese año heredamos un suplemento que condensa esas variaciones de malacrianza; desde literatura nueva hasta cine, pasando por el sexo, el teatro y la música. Con un 2008 que pinta rosa medicina también (dos tragos por aquellos que hemos visto los nuevos anuncios apoyando la agenda complementaria), nos preparamos con una malacrianza aun más malcriada que de años anteriores. Que cause males de estómago y apendicitis. Porque este año el ingerir productos importados se los dejamos a los que creyeron que el TLC era la solución a todos los problemas del país.

Comentarios

José A. dijo…
Mi estimado, definitivamente este pinta ser un año "ácido", donde la gastritis y el dolor de vísceras serán el pan de cada día. Una época oscura para le país.

Pero bueno, seguimos dando la lucha, no se si por costumbre o por que realmente es lo único que nos queda; lo único que podremos llamar "nuestro", después de que todo lo que conocíamos fuera privatizado y seamos neocolonizados...

Seguimos levantando levantado la voz y pataleando, porque no podemos resignarnos a ver como en lugar de salir de la oscuridad, nos arrastran más profundo a ella...
Nat dijo…
un editorial màs malcriado q nunca. excelente.

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Cae la lluvia río arriba.

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que pasa las hojas de su pasaporte para deletrear
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Tal vez ahora cerrás los ojos y escuchás una explosión propagarse por la troposfera. Te sorprendés, inmóvil, sin intentar despegar
tus parpados. Atento a ese raro silencio. En las paredes, los muebles, los vasos de agua. Es un tipo de calma que nunca había
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