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Retrato con otro


Yo podría ser el hombre dentro del marco de la fotografía; posando de forma correcta y manteniendo el peso adecuado para no sufrir insuficiencias cardiacas. Dejaría el andar encorvado, el azúcar como un depositario de las horas, la razón por la que no me rasuro para acariciar mi hombría. Yo podría ser el hombre que envidian las desconocidas y que nunca fuma en presencia de sus hijos. El de la manzana de adan marcada, que corre de madrugada y lava los platos después de los alimentos. De saco, trabajo estable y barbería. El que posa con cinturón negro y mirada fija. Yo podría ser el hombre dentro del marco de la fotografía: el que nunca duda, el que no llora en secreto. El que no es ausente dentro de esas manos.

Comentarios

Fernando C. dijo…
Me gustó :) Saludos
Auchhhhhhh... mae, esto me pateó, bien pateados, los dos güevos.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
DANIELA MUÑOZ dijo…
auuuuuch.... secundaria a choli, pero no tengo guevos... igual me pateo algo... no se bien qué.
(Resumo: ¡qué bueno!)

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Cuartos casi vacíos

vas a comprar una cama estrecha
para quién se acueste en ella
tenga que tenerte cerca

tener solo una sábana una cobija
para que sea la noche
y sea el frío
comprar una cama estrecha
de la que no puedan
levantarse
ni escapar

hoy
vas a dormir e imaginarlo

directo en las lozas           que son lo más cercano
          que estás de la tierra

su cuerpo late en algún lugar
y lo escuchás
vas a comprar una cama estrecha
para que se acerque y sea la noche pero ya no más este inmenso e insoportable frío

La paradoja de Schrödinger

Si las corrés, las cortinas,
van a pasar 10 años; flacos, alegres, cortos. La sucesión de estaciones
llenas de lluvia, y el frío y la sequía.
Vas a ser otra persona
y con una foto diferente
en todos los documentos personales.

No te reconocerías
pensando lo mismo que ahora:

no he pagado los recibos,
tengo que adoptar un gato
y si no abro la cortina, puedo ignorar si es de mañana

tal vez
diez minutos más.

I Put A Spell On You

la versión de Nina
Deseás ser la pausa en su respiración.
La vibración de sus vasos sanguíneos. El nombre que muerde y calla.
El nombre quieto en su memoria.
Deseás que venga y te deje repetir su nombre
por la pura inercia del ambiente.

Y la deseás.
Es ese el peso de su nombre. Vos mismo se lo has dado.

Te absorbe.
Y la deseás.

Más allá de ella misma.
Más allá de lo que vos sos.

Esta espera es lo único que existe.

Y tu deseo.