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Lo monstruoso en si mismo

Todo parece empezar cuando nos resistimos a cerrar los ojos. Cuando intentamos mirar aquello que no deberíamos, aquello que nos cambia el ritmo de nuestra propia respiración. Aquello que creemos no cabe enteramente en nuestra imaginación y deja secuelas para la almohada y el sueño. Parece empezar con el sudor frío en la baja espalda, la tensión en las manos y los labios, con las palpitaciones como piedras detenidas en el tiempo. En el punto en que cubrirse la cara no sirve de nada. En los gritos, la sangre que se siente propia extendiéndose en una mancha sobre el suelo; la proximidad de esa sombra que es una amenaza. Pero en realidad empieza en la taquilla, en el dorso frío del boleto, en los primeros pasos que nos llevan a nuestro lado más oscuro. El cine de terror es un reconocimiento a nuestras propias pesadillas, a un ser grotesco que se esconde bajo nuestra piel que juega con las sensaciones. El cine de terror es una visita gratuita al miedo con un retorno casi ileso.

Uno de los mas grandes pavores cuando se es pequeño es la oscuridad, es decir lo desconocido. De niños todo aquello que escapa de lo racional se convierte através de la imaginación, en ficciones propias del momento que se esté pasando. Por eso la noche, la soledad, siempre fueron sinónimos de fragilidad, peligro, de cuidado. De los rincones más inhóspitos siempre aparecieron monstruos sedientos de carne, bichos con muchas patas y seres con las peores intenciones. Tal vez por eso la experiencia de ir al cine y escoger al terror sobre otro genero nos transporte a esas instancias: salvamos las distancias de la edad para ser de nuevo un pequeñuelo que se asusta con lo que solo existe en su cabeza.

Porque de alguna manera todo esto habita en nuestro interior. En un lado que nunca da a la luz del día, del cual sentimos vergüenza y nos permite adentrarnos en la locura. Por eso el cine de terror no empieza con el mecanismo del proyector cinematográfico; inicia cuando inconscientemente aceptamos que nos gusta el pánico, el caos y la sangre.

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Golden record

nuestra existencia se disipa en el cluster número doscientosytantos una supernova nos manda su afecto
más rápido que la luz

y nosotros

lanzamos un par de bombas atómicas sobre pueblos llenos de civiles 500 metros sobre una cancha de tenis, a medio camino entre un arsenal y una fábrica de acero

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la extinción diaria de 150 tipos de animales las emisiones contaminantes de los volkswagens los pastores y los que pagan su diezmo a cambio de sus promesas los pedófilos que durante décadas ocultó la iglesia católica apostólica y romana
porque los discos dorados en el voyager 1 sus 56 saludos en distintos idiomas y toda nuestra música son de un tipo de ficción que esta especie extinta no se merece

Agua de río / agua de mar

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las piedras.
Mirá tus pies,
el agua toca
tus dedos.
Mar adentro
la sal se mezcla
con la tierra;
lo sabés con la boca,
lo sentís en el cuerpo. Recordaste algo
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Cae la lluvia río arriba.

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Fobos

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Te hiciste por dentro con el murmullo de las turbinas,
y ese motor lo has confundido siempre
con el dolor, malsano,
que además se ha hecho uno
con las cardiopatías que te inventás
al dormir con frío y sin compañía.
Tal vez te acostumbraste a la vibración
en los cristales de esta casa.
A mirar con desconfianza a los turistas
que te piden direcciones en un idioma extraño.
A no ser vos la persona en la sala de espera,
que pasa las hojas de su pasaporte para deletrear
cada país que ha visitado en los últimos 6 años.
Tal vez ahora cerrás los ojos y escuchás una explosión propagarse por la troposfera. Te sorprendés, inmóvil, sin intentar despegar
tus parpados. Atento a ese raro silencio. En las paredes, los muebles, los vasos de agua. Es un tipo de calma que nunca había
existido en tu vida.

Algo se rompe …