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El Centauro

Hoy arrastro la navaja; la limpio con mi boca.
La tierra se abre y veo hacia el fondo,
la tierra se abre y después de ese brillo
algo se revienta mil veces dentro de mi.
La saliva me sabe a muerte, la noche a miedo.
Hoy he descubierto que la tierra
es tan susceptible como tus manos,
como tu piel, como tus labios.

Hoy guardo la navaja para siempre.
Miro de nuevo el fondo del precipicio
y sé que tu cuerpo me llama.
El suelo tiembla un poco,
mi sudor no me tranquiliza;
el aire calla lo que mi dolor no.

Hoy me toca seguir mi camino,
canjear esta suerte por unas monedas
y escoger algún tipo de sobrevivencia.
No he dicho que sea fácil.
Toda mi vida ese precipicio se agrandará
como un puño que se abre lentamente
para tomar mis entrañas.

En todo lado estarás,
blanca como el horror,
oscura como la rabia.
Con una expresión ausente
que me culpa.

Este es mi pacto:
hoy he decidido limpiar tu sangre
con la lengua,
aceptar completo el veneno,
dejar que las pesadillas vengan.

Comentarios

Estimado William: puedo decir que es un poema extraño, muy conciso y muy claro, y bastante diferente de lo que me tienes acostumbrado a leerte. No es un giro de 180 grados, pero tiene el sabor de la tradición hispanoamericana.
Saludos!
Sherezada dijo…
Hola William. Como siempre es un placer volver a leerte y el poema es estupendo, las líneas me suenan duras, dolorosas, pero es impresionante la combinación de "sangre" con "algún amor"...
William Eduarte dijo…
gracias cristian por pasar

gracias sherezada...
BLANCA CORREA dijo…
Fuerte...
Imagenes que repercuten...
Te felicito, William y te invito a pasear tu mirada por mi blog

www.amanecelapalabra.blogspot.com