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Golden record



nuestra existencia se disipa en el cluster número doscientosytantos
una supernova nos manda su afecto
más rápido que la luz

y nosotros

lanzamos un par de bombas atómicas sobre pueblos llenos de civiles
500 metros sobre una cancha de tenis,
a medio camino entre un arsenal y una fábrica de acero

necesarias
como el plástico residual en los estómagos de las ballenas
o la epidemia de sífilis provocada a esas mujeres guatemaltecas

debimos dejar precisos
los monumentos de esta estupidez

la extinción diaria de 150 tipos de animales
las emisiones contaminantes de los volkswagens
los pastores y los que pagan su diezmo a cambio de sus promesas
los pedófilos que durante décadas ocultó la iglesia católica apostólica y romana

porque los discos dorados en el voyager 1
sus 56 saludos en distintos idiomas y toda nuestra música
son de un tipo de ficción
que esta especie extinta
no se merece

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Agua de río / agua de mar

Cae la lluvia río arriba.
La orilla empieza a ser corta,
el agua turbia.

Mirá el horizonte,
esos relámpagos golpean
las piedras.
Mirá tus pies,
el agua toca
tus dedos.
Mar adentro
la sal se mezcla
con la tierra;
lo sabés con la boca,
lo sentís en el cuerpo. Recordaste algo
que te duele.
Cae la lluvia río arriba.

El mar
ahora es otro.

Fobos

Tal vez te acostumbraste a vivir
cerca de los aeropuertos,
dentro de su incertidumbre horaria
y el rango de contagio a ciertas enfermedades
que no saben nada del control de aduanas.
Te hiciste por dentro con el murmullo de las turbinas,
y ese motor lo has confundido siempre
con el dolor, malsano,
que además se ha hecho uno
con las cardiopatías que te inventás
al dormir con frío y sin compañía.
Tal vez te acostumbraste a la vibración
en los cristales de esta casa.
A mirar con desconfianza a los turistas
que te piden direcciones en un idioma extraño.
A no ser vos la persona en la sala de espera,
que pasa las hojas de su pasaporte para deletrear
cada país que ha visitado en los últimos 6 años.
Tal vez ahora cerrás los ojos y escuchás una explosión propagarse por la troposfera. Te sorprendés, inmóvil, sin intentar despegar
tus parpados. Atento a ese raro silencio. En las paredes, los muebles, los vasos de agua. Es un tipo de calma que nunca había
existido en tu vida.

Algo se rompe …