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EnCuarentena en Soho


William Eduarte es un artista de esos de nueva generación que aprovechan los distintos formatos para decir lo que quiere. De formación más periodística y conectado con la producción audiovisual, este es su segundo libro de poesía.
Los últimos años han visto aparecer el trabajo poético de varios jóvenes sin miedo en cuanto a la experimentación y apostados a una poesía que pasa más por Lautrémont que por Debravo; pienso en el trabajo de Diego Mora o, más firme y lúdico, David Cruz.
William parte de esta misma camada, funde muchas de sus búsquedas anteriores en este libro, atención a la poética intertextual de El más violento paraíso o los poemas póstumos de Verdana.

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Comentarios

Julia Ardón dijo…
Pues ya valías, sin necesidad de esto, pero bueno que te lo reconozcan.

Cariños
Nat dijo…
Lo que el hombre quiere ver....

jejeje
José A. dijo…
Que dicha que fue por un libro y no por fotos en traje de baño jajajaja

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Cuartos casi vacíos

vas a comprar una cama estrecha
para quién se acueste en ella
tenga que tenerte cerca

tener solo una sábana una cobija
para que sea la noche
y sea el frío
comprar una cama estrecha
de la que no puedan
levantarse
ni escapar

hoy
vas a dormir e imaginarlo

directo en las lozas           que son lo más cercano
          que estás de la tierra

su cuerpo late en algún lugar
y lo escuchás
vas a comprar una cama estrecha
para que se acerque y sea la noche pero ya no más este inmenso e insoportable frío

La paradoja de Schrödinger

Si las corrés, las cortinas,
van a pasar 10 años; flacos, alegres, cortos. La sucesión de estaciones
llenas de lluvia, y el frío y la sequía.
Vas a ser otra persona
y con una foto diferente
en todos los documentos personales.

No te reconocerías
pensando lo mismo que ahora:

no he pagado los recibos,
tengo que adoptar un gato
y si no abro la cortina, puedo ignorar si es de mañana

tal vez
diez minutos más.

I Put A Spell On You

la versión de Nina
Deseás ser la pausa en su respiración.
La vibración de sus vasos sanguíneos. El nombre que muerde y calla.
El nombre quieto en su memoria.
Deseás que venga y te deje repetir su nombre
por la pura inercia del ambiente.

Y la deseás.
Es ese el peso de su nombre. Vos mismo se lo has dado.

Te absorbe.
Y la deseás.

Más allá de ella misma.
Más allá de lo que vos sos.

Esta espera es lo único que existe.

Y tu deseo.