Ir al contenido principal

Tacto

Tenés que mandarme libros
te digo
libros pequeños
que puedan llegar por correo
y no te cuesten mucho dinero
libros en los que se escriban dedicatorias
tan tristes como sus autores
libros en los que escondás a veces
la foto que te hiciste con tu nueva pareja
frente algún monumento sin nombre
pero no te olvidés de mi
ni de mandar libros llenos de palabras
ya me dirás que te gustaría
que yo conociera a tus hijos
tu calle el atardecer porteño
yo solo quiero libros
que lo digan todo
tal vez en algún momento
te pregunte sin mucha convicción
qué hubiera pasado si
y no reciba cartas tuyas por un buen tiempo
ya sea porque la encontró tu marido
o trataste de esconder las cosas
que nunca funcionaron
pero por favor
mandame libros
escribí tu nombre en ellos
dejame saber que has tocado
algo
que ahora me pertenece

Comentarios

excelente texto, will. excelente.
Caro Flores dijo…
Escarbando... me gusta esta nueva época

Entradas más populares de este blog

Cuartos casi vacíos

vas a comprar una cama estrecha
para quién se acueste en ella
tenga que tenerte cerca

tener solo una sábana una cobija
para que sea la noche
y sea el frío
comprar una cama estrecha
de la que no puedan
levantarse
ni escapar

hoy
vas a dormir e imaginarlo

directo en las lozas           que son lo más cercano
          que estás de la tierra

su cuerpo late en algún lugar
y lo escuchás
vas a comprar una cama estrecha
para que se acerque y sea la noche pero ya no más este inmenso e insoportable frío

La paradoja de Schrödinger

Si las corrés, las cortinas,
van a pasar 10 años; flacos, alegres, cortos. La sucesión de estaciones
llenas de lluvia, y el frío y la sequía.
Vas a ser otra persona
y con una foto diferente
en todos los documentos personales.

No te reconocerías
pensando lo mismo que ahora:

no he pagado los recibos,
tengo que adoptar un gato
y si no abro la cortina, puedo ignorar si es de mañana

tal vez
diez minutos más.

I Put A Spell On You

la versión de Nina
Deseás ser la pausa en su respiración.
La vibración de sus vasos sanguíneos. El nombre que muerde y calla.
El nombre quieto en su memoria.
Deseás que venga y te deje repetir su nombre
por la pura inercia del ambiente.

Y la deseás.
Es ese el peso de su nombre. Vos mismo se lo has dado.

Te absorbe.
Y la deseás.

Más allá de ella misma.
Más allá de lo que vos sos.

Esta espera es lo único que existe.

Y tu deseo.