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La facultad del habla



Tomemos de las palabras su desacierto y su certeza.
El lado débil, áspero, el inconsciente.
Las palabras que se marchitan en la boca,
las que vuelven a la vida por la saliva
y el acento grave de la sangre.

Volvamos de las frases sin su carga.
Tapá mi boca, tu boca.
Liberemos esta incomodidad
para callar, para abrazar
lo que saben pronunciar mejor las manos.

Tomemos las palabras y apartémonos de
su dolor, su alegría, su pena.

Que nos quede nada más un gemido, un arrullo;

el cuerpo como un animal indefenso.

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