Las campanas de la catedral repican cuatro veces. Debido a la luz, una sombra es el espejismo de un hombre que anda arrastrándose entre los adoquines. En estos días el barro de los trabajos urbanos provoca una clara alergia general. Los que pueden, esquivan el centro de Alajuela, los que no se refugian en el parque. Agrupadas alrededor de las bancas, varias personas se disputan la atención con unas cuantas fichas. La precisión de los movimientos es sólo medida por la agilidad mental de los espectadores. Los partidos toman aproximadamente cinco o diez minutos en resolverse. Si alguno nuevo llega, se agrega a la fila; si viene preparado se abre una nueva partida en otra banca. Uno creería que tal fidelidad con el juego provocaría seriedad entre los contendores, pero ellos se burlan de la rivalidad tomando cualquier tema y bromeando. Una de las bancas tiene pintado un tablero de forma modesta. Es la que esta frente al decorado que muestra un 1782, fecha en que se construyó el famoso oratorio que unió a los vecinos de la región entorno a La Lajuela. Algo parecido sucede en esa banca que es el sitio de reunión de los jugadores de tablero. En las sombras que desaparecen se repiten las campanas de una ciudad que apenas intentaba nacer, bajo la luz de la tarde.
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Buena nota!