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Alajuela por la Pista

La noche sirve para que se acumulen, para que en grupos esperen atentos el próximo rugido de una maquina al acelerar. Mientras en el centro comercial cierran el supermercado, los cines y las tiendas, ellos descubren el placer a cientos de kilómetros por hora. Ese placer que solo algunos perciben cuando la velocidad te empuja detrás de una manivela. Ese placer que inicia en la chispa de un motor quemando combustible contabilizado en galones; todo sin pensar en el peligro, en las prohibiciones, en las consecuencias.

Al otro lado de la carretera un conductor que regresa tarde del trabajo ve el espectáculo con otros ojos; marca desde su celular al 911 para detener tanta barbarie. Igual, muy adentro de si mismo, pueda que se imagine en uno de los honda civic transformistas compitiendo hacia ningún lado.

También de esa orilla, la adrenalina se acumula en la sala de emergencias. Los que corren son los enfermeros y los doctores. Ese murmullo de autos en frenesí rompe con el silencio absoluto que debería instarse en los hospitales. El placer de unos es la incomodidad de otros.

Al final, el humo de cada mufla es el mismo para todos, quieran o no. El humo como una forma de entender que las divisiones entre lo que está bien y está mal son a veces poco claras; más bien bastante difusas según se quiera mirar.



William Eduarte para la Nación

Comentarios

y un parche de metal y carne contra la baranda de algún puente.

también pasa.
silvia piranesi dijo…
hola william. en cambio aquí esas divisiones me parecen muy claras, jeje. saludos

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Golden record

nuestra existencia se disipa en el cluster número doscientosytantos una supernova nos manda su afecto
más rápido que la luz

y nosotros

lanzamos un par de bombas atómicas sobre pueblos llenos de civiles 500 metros sobre una cancha de tenis, a medio camino entre un arsenal y una fábrica de acero

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la extinción diaria de 150 tipos de animales las emisiones contaminantes de los volkswagens los pastores y los que pagan su diezmo a cambio de sus promesas los pedófilos que durante décadas ocultó la iglesia católica apostólica y romana
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Agua de río / agua de mar

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La orilla empieza a ser corta,
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Mirá tus pies,
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Mar adentro
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con la tierra;
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lo sentís en el cuerpo. Recordaste algo
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Cae la lluvia río arriba.

El mar
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Fobos

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Te hiciste por dentro con el murmullo de las turbinas,
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al dormir con frío y sin compañía.
Tal vez te acostumbraste a la vibración
en los cristales de esta casa.
A mirar con desconfianza a los turistas
que te piden direcciones en un idioma extraño.
A no ser vos la persona en la sala de espera,
que pasa las hojas de su pasaporte para deletrear
cada país que ha visitado en los últimos 6 años.
Tal vez ahora cerrás los ojos y escuchás una explosión propagarse por la troposfera. Te sorprendés, inmóvil, sin intentar despegar
tus parpados. Atento a ese raro silencio. En las paredes, los muebles, los vasos de agua. Es un tipo de calma que nunca había
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