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Contando huesos

"The mind is the shadow of the light it seeks." -  Jim Dodge Es en el silencio que enumero mis partes y vuelvo a ser yo mismo. Es en el ruido que la música me encuentra y cambia el paso del ritmo cardiaco. Es en la oscuridad que me lleno de imágenes y entre todos esas luces una me da plena en la frente.  Es en mi respiración que el aire vuelve al aire; yo vuelvo también y me hago presente  en el río que es solo corriente, en la sangre que es solo fluido, en los huesos que son solo el andamio del que se sostiene mi conciencia.  Es en el silencio que soy y no mis partes, que soy yo mismo y nada y soy a la vez  todo.

Dirección Nacional de Pensiones

Todo debe ser perdido. Cada uno de los artículos enumerados en la lista de mi patrimonio ante la institución que me nombra con dígitos. La lista, la institución, los números que remplazan mi nombre y este nombre mismo. Los años que circularmente han pasado de las enfermedades a las vacaciones, los permisos sin goce de salario a los días festivos que guardé en cama. Lo que hice y lo que no. Las palabras cruzadas en los pasillos y los comentarios a mis espaldas, buenos y malos. Todo. Que nada registre lo que la voluntad sostuvo antes de las 4 p.m. Ni las llegadas tardías, ni los minutos de café ni de almuerzo. Todo. El escritorio, la silla, las paredes en las que colgué la foto de una familia que se fue quedando sin miembros. La computadora que dice estar entre los artículos enumerados, su teclado, las palabras que utilicé para responder tus mensajes. Los mensajes mismos; la pálida espera con la que ansié tus ojos a la salida del horario regular d...
  Para rayos Me gusta cuando parece que va a llover y no. Cuando se oscurece la tarde y el mundo sostiene una sombrilla pensando en la forma en que se van a mojar sus zapatos. Me gusta cuando parece que ya no va a llover y el agua, de repente, pone a prueba la voluntad de un viernes que no pagan ni es feriado. Me gusta ver como todavía alguna gente se moja y se entrega a la lluvia aunque sea por un momento. Aunque después corran a cambiarse la ropa y a tomar refuerzos vitamínicos para sus defensas. Me gusta cuando el relámpago cae en el horizonte, pero no hay retumbo ni estruendo. Solo la calma de las cosas que parecen y no. De las cosas que no parecen y pasan. La calma del relámpago que realmente nunca cae.

Mini lifejacket

  Al fondo el mar, las botellas de plástico, los perros que corren luego de días de encierro en una casa. Al fondo el ruido de la civilización que apaga los primeros incendios de su decadencia. Pero son las siete aeme, la mañana nos sirve de evasión; esta área cuadrada de playa que tal vez no este comprometida por algún desecho humano. Al fondo el mar, el momento en el que estos animales contemplan el horizonte y creen sentirse seguros. Nuestros segundos apagándose ante la marea que nos alcanza.

Quiromancia

  La gente que nos conoce se ha dado cuenta del engaño. Han visto nuestra mano, las líneas definidas y los ríos y el desierto. Se adelanta y corta cualquier cambio en el ambiente . Prefieren la contención, las palmas secas, la distancia. Siempre la distancia. La gente que nos conoce no ha visto bien el desierto. Al animal que aúlla como si se le escapara la línea del corazón por la boca. Siempre la distancia. Escuchar de alguien que no te conoce nunca tendrás hijas al pulsa la vida con un dedo. Siempre la distancia entre el amor y la cabeza. Siempre el destino tan cercano al presente. Siempre ese raro calor en lo más áspero de la piel.

Línea blanca

La espera esta llena de aparatos domésticos. Interruptores que agitan el sacrosanto vacío de una casa. Ruidos mecánicos a punto de activarse, que aún no reverberan en el tímpano izquierdo pero te hacen huir del cualquier cuarto. La espera es también, lo que a veces se encuentra en el reverso del abrelatas; un afilador de cuchillos usado una vez cada tres años.

Para leer en el baño

En este espacio alguna vez nos redujimos al sonido del agua y el tacto. No sé cómo estarás ahora. Me he perdido tus malos días, la linea recta en tu espalda, las veces que has reído antes de acostarte. En este espacio me he reducido al recordar tu cuerpo envuelto en una toalla. No sé cómo estarás. Una puerta traslucida y empañada me hace imaginar cosas que ahora pertenecen a la memoria.

crossroads

la carretera se extiende hasta llegar a la sangre un animal es reducido a sus huellas sobre el asfalto a este lado del camino derramándose escasos metros del desierto

Una estrella lo suficientemente distante

Las ventanas del edificio en la esquina reflejan parte del cielo. Sobre los autos y las personas que pasan algo de esta tarde transforma su paso cotidiano; somos ese reflejo que pasa de la luz a la sombra. Ese instante acabándose siempre.

Matrioshka II

Entré en tu pelo y encontré una puerta. Un murmullo de gente me obligó a abrir. Entré en tu pelo, una muchedumbre me empujó. Entré en tu pelo y todo eran manos, todo eran torsos, todo eran bocas pequeñas lamiéndonos. Entré en tu pelo y cerré los ojos. El murmullo se redujo y pude distinguir bien de quienes eran esas voces. Entré en tu pelo. Encontré una puerta. Tomé tu mano entre las otras manos y los otros torsos. Algo susurraste entre tu pelo, la gente y la oscuridad en mi mismo; algo susurré mientras intenté abrir los ojos y tu pelo negro me envolvía. Todo lo he olvidado. Menos tu pelo, tus manos, esa gente que nos hacía una y la sensación de tus palabras contra mi pecho.

Ejercicios repetitivos e inútiles.

Un cuarto de la tarde lo dedico a la higiene mental; entender que recuerdo es más dolor que otra cosa. Deambulo entre una analítica descuidada y mis otras tareas domesticas. Abrir las cortinas. Barrer. Mover uno a uno los muebles. Darle vuelta a los cojines. Al final, el sillón se acomoda en el mismo espacio y por más que lo intente, la luz naranja no deja de ser una punzada en la parte más oscura de mi casa.

La palabra incendio

Tratás de entender qué pasó. Te da la luz  de la primera mañana y distorsionados, algunos momentos de la noche. Juntás las piezas, detectás los síntomas; la resequedad en los labios, el mareo, la levedad. Un punto en el pecho que arde. Es esto con lo que no podés. El eco de una palabra todavía en su boca que consume los restos de la casa.

Chulel

es el alma de algunas personas  que tiene el poder de manifestarse  con forma animal. Vos lo encontraste, ese río diminuto de sangre. Tus pasos deshicieron su cause hasta este momento. No sé a qué has venido, si ese brillo en el fondo de tus ojos no es más que otra lanza en este costado. Tu figura es una silueta oscura contra la luz de una luna casi vacía. Te escucho respirar. Te escucho acercarte. Un río rojo y diminuto dejá un surco en la tierra mientras se seca.

Menos de 5 mm de diámetro

1 No sé quién los encontró, pero estos cuerpos en la orilla se pueblan de curiosos.              Que preguntan.              Que murmuran. Sus miradas no les alcanzan para abarcar la costa. Alguien deja caer la tapa de su refresco gaseoso. La multitud que crece la desaparece en la arena. Esta especie obsesionada con los monumentos la sobrevivirán sus desperdicios. 2          Abren          el estomago de los cetáceos.                                         Plástico. Luego los de algunos peces.     ...

La isla que desaparece

Te quedás sin nada porque nada nunca ha sido tuyo. Flotás en la superficie sobre el reflejo del cielo. No queda nada de vos y ahí seguís vacío.

Bandas elásticas de pelo

Abrís la llave. Te apartás a la espera de la resistencia mientras te desnudás. Cerrás esa suerte de puerta transparente que te separa del baño. Y te dejás bajo la ducha, que está calentando, apenas. El agua baja por tu cara y te hace mantener los ojos entreabiertos. Una de tus manos busca la llave, disminuye la intensidad un poco para que esa resistencia funcione. Pero encontrás algo escondido, apartado del mundo por mucho tiempo. El vapor empaña lentamente los reflejos en este cuarto blanco, en este momento en el que sabés qué es eso que tocás como si fuera otra persona bajo el agua ya caliente. Otra persona dividida en tu memoria por la distancia, el paso de los años, el silencio. Te apartás a la espera de una resistencia. Dos cuerpos desnudos tiemblan por culpa de otro tipo de frío y son disueltos por la humedad en el ambiente.

Noche estrellada

Quisimos volver pero ya no hay nada a lo que volver, nadie nos espera. No encontramos las marcas en el suelo donde nuestra casa tuvo su sitio. Nada de la diminuta ropa intima secándose en este lugar desolado. Somos apenas figuras en el paisaje que levantan paredes en el vacío, gemidos en el silencio. Quisimos volver ya muy tarde. Tampoco somos los mismos; esto que pensamos es amor también lo sentimos ajeno.

Empuje hidrostático

El sol al mediodía es un punto de luz absurdo. La superficie del agua se calienta. Casi no podés mantener abiertos los ojos, en tus parpados habita una mancha incandescente. Te mantenés a flote. Sobrellevás el paso del tiempo ensimismado en tus otros sentidos. No sabés si eso es suficiente para construir una realidad. Partes de tu cuerpo emergen y se sumergen en el mar. Es así que escuchás algo muy, muy lejano. Un grito de alguien que al igual que vos se está ahogando.

En la mitad del océano

La cima de tu cabeza se puebla de figuras míticas. Cada una te sirve para explicarte todo aquello que no entendés del mundo. Un rayo cae y tu cuerpo se encorva; le pertenecés a lo desconocido y al miedo. Tocás una piedra a la que has dado forma. -No soy nada. (Es verdad) -Ten piedad de mi. La reverencia acaba. Ya no temblás. Ya no te preguntás qué es ese brillo en mitad de la noche. La cima de tu cabeza flota sobre el agua. Vas a la deriva en la mitad del océano.

El nacimiento de una isla

Tus pasos te llevan.   Ha pasado la peor parte del día; el calor ha bajado y ya no sentís esa presión en la parte del cráneo. Al lado el mar, tu sombra, miles de pedazos de plástico enterrados en la arena. Se forma el horizonte a tus pies; las huellas en el agua turban el reflejo del cielo.  Te detenés esperando que se vuelven a concretar sus nubes, un pájaro, dos o tres montañas oscuras. La marea sube hasta que el pájaro hace un nido en tu cabeza. Sos la isla       y     nada   importa.