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Entradas

Línea blanca

La espera esta llena de aparatos domésticos. Interruptores que agitan el sacrosanto vacío de una casa. Ruidos mecánicos a punto de activarse, que aún no reverberan en el tímpano izquierdo pero te hacen huir del cualquier cuarto. La espera es también, lo que a veces se encuentra en el reverso del abrelatas; un afilador de cuchillos usado una vez cada tres años.

Para leer en el baño

En este espacio alguna vez nos redujimos al sonido del agua y el tacto. No sé cómo estarás ahora. Me he perdido tus malos días, la linea recta en tu espalda, las veces que has reído antes de acostarte. En este espacio me he reducido al recordar tu cuerpo envuelto en una toalla. No sé cómo estarás. Una puerta traslucida y empañada me hace imaginar cosas que ahora pertenecen a la memoria.

crossroads

la carretera se extiende hasta llegar a la sangre un animal es reducido a sus huellas sobre el asfalto a este lado del camino derramándose escasos metros del desierto

Una estrella lo suficientemente distante

Las ventanas del edificio en la esquina reflejan parte del cielo. Sobre los autos y las personas que pasan algo de esta tarde transforma su paso cotidiano; somos ese reflejo que pasa de la luz a la sombra. Ese instante acabándose siempre.

Matrioshka II

Entré en tu pelo y encontré una puerta. Un murmullo de gente me obligó a abrir. Entré en tu pelo, una muchedumbre me empujó. Entré en tu pelo y todo eran manos, todo eran torsos, todo eran bocas pequeñas lamiéndonos. Entré en tu pelo y cerré los ojos. El murmullo se redujo y pude distinguir bien de quienes eran esas voces. Entré en tu pelo. Encontré una puerta. Tomé tu mano entre las otras manos y los otros torsos. Algo susurraste entre tu pelo, la gente y la oscuridad en mi mismo; algo susurré mientras intenté abrir los ojos y tu pelo negro me envolvía. Todo lo he olvidado. Menos tu pelo, tus manos, esa gente que nos hacía una y la sensación de tus palabras contra mi pecho.

Ejercicios repetitivos e inútiles.

Un cuarto de la tarde lo dedico a la higiene mental; entender que recuerdo es más dolor que otra cosa. Deambulo entre una analítica descuidada y mis otras tareas domesticas. Abrir las cortinas. Barrer. Mover uno a uno los muebles. Darle vuelta a los cojines. Al final, el sillón se acomoda en el mismo espacio y por más que lo intente, la luz naranja no deja de ser una punzada en la parte más oscura de mi casa.

La palabra incendio

Tratás de entender qué pasó. Te da la luz  de la primera mañana y distorsionados, algunos momentos de la noche. Juntás las piezas, detectás los síntomas; la resequedad en los labios, el mareo, la levedad. Un punto en el pecho que arde. Es esto con lo que no podés. El eco de una palabra todavía en su boca que consume los restos de la casa.

Chulel

es el alma de algunas personas  que tiene el poder de manifestarse  con forma animal. Vos lo encontraste, ese río diminuto de sangre. Tus pasos deshicieron su cause hasta este momento. No sé a qué has venido, si ese brillo en el fondo de tus ojos no es más que otra lanza en este costado. Tu figura es una silueta oscura contra la luz de una luna casi vacía. Te escucho respirar. Te escucho acercarte. Un río rojo y diminuto dejá un surco en la tierra mientras se seca.

Menos de 5 mm de diámetro

1 No sé quién los encontró, pero estos cuerpos en la orilla se pueblan de curiosos.              Que preguntan.              Que murmuran. Sus miradas no les alcanzan para abarcar la costa. Alguien deja caer la tapa de su refresco gaseoso. La multitud que crece la desaparece en la arena. Esta especie obsesionada con los monumentos la sobrevivirán sus desperdicios. 2          Abren          el estomago de los cetáceos.                                         Plástico. Luego los de algunos peces.     ...

La isla que desaparece

Te quedás sin nada porque nada nunca ha sido tuyo. Flotás en la superficie sobre el reflejo del cielo. No queda nada de vos y ahí seguís vacío.

Bandas elásticas de pelo

Abrís la llave. Te apartás a la espera de la resistencia mientras te desnudás. Cerrás esa suerte de puerta transparente que te separa del baño. Y te dejás bajo la ducha, que está calentando, apenas. El agua baja por tu cara y te hace mantener los ojos entreabiertos. Una de tus manos busca la llave, disminuye la intensidad un poco para que esa resistencia funcione. Pero encontrás algo escondido, apartado del mundo por mucho tiempo. El vapor empaña lentamente los reflejos en este cuarto blanco, en este momento en el que sabés qué es eso que tocás como si fuera otra persona bajo el agua ya caliente. Otra persona dividida en tu memoria por la distancia, el paso de los años, el silencio. Te apartás a la espera de una resistencia. Dos cuerpos desnudos tiemblan por culpa de otro tipo de frío y son disueltos por la humedad en el ambiente.

Noche estrellada

Quisimos volver pero ya no hay nada a lo que volver, nadie nos espera. No encontramos las marcas en el suelo donde nuestra casa tuvo su sitio. Nada de la diminuta ropa intima secándose en este lugar desolado. Somos apenas figuras en el paisaje que levantan paredes en el vacío, gemidos en el silencio. Quisimos volver ya muy tarde. Tampoco somos los mismos; esto que pensamos es amor también lo sentimos ajeno.

Empuje hidrostático

El sol al mediodía es un punto de luz absurdo. La superficie del agua se calienta. Casi no podés mantener abiertos los ojos, en tus parpados habita una mancha incandescente. Te mantenés a flote. Sobrellevás el paso del tiempo ensimismado en tus otros sentidos. No sabés si eso es suficiente para construir una realidad. Partes de tu cuerpo emergen y se sumergen en el mar. Es así que escuchás algo muy, muy lejano. Un grito de alguien que al igual que vos se está ahogando.

En la mitad del océano

La cima de tu cabeza se puebla de figuras míticas. Cada una te sirve para explicarte todo aquello que no entendés del mundo. Un rayo cae y tu cuerpo se encorva; le pertenecés a lo desconocido y al miedo. Tocás una piedra a la que has dado forma. -No soy nada. (Es verdad) -Ten piedad de mi. La reverencia acaba. Ya no temblás. Ya no te preguntás qué es ese brillo en mitad de la noche. La cima de tu cabeza flota sobre el agua. Vas a la deriva en la mitad del océano.

El nacimiento de una isla

Tus pasos te llevan.   Ha pasado la peor parte del día; el calor ha bajado y ya no sentís esa presión en la parte del cráneo. Al lado el mar, tu sombra, miles de pedazos de plástico enterrados en la arena. Se forma el horizonte a tus pies; las huellas en el agua turban el reflejo del cielo.  Te detenés esperando que se vuelven a concretar sus nubes, un pájaro, dos o tres montañas oscuras. La marea sube hasta que el pájaro hace un nido en tu cabeza. Sos la isla       y     nada   importa.

Fobos

Tal vez te acostumbraste a vivir cerca de los aeropuertos, dentro de su incertidumbre horaria y el rango de contagio a ciertas enfermedades que no saben nada del control de aduanas. Te hiciste por dentro con el murmullo de las turbinas, y ese motor lo has confundido siempre con el dolor, malsano, que además se ha hecho uno con las cardiopatías que te inventás al dormir con frío y sin compañía. Tal vez te acostumbraste a la vibración en los cristales de esta casa. A mirar con desconfianza a los turistas que te piden direcciones en un idioma extraño. A no ser vos la persona en la sala de espera, que pasa las hojas de su pasaporte para deletrear cada país que ha visitado en los últimos 6 años. Tal vez ahora cerrás los ojos y escuchás una explosión propagarse por la troposfera. Te sorprendés, inmóvil, sin intentar despegar tus parpados. Atento a ese raro silencio. En las paredes, los muebles, los vasos de agua. Es un tipo de calma que nunca habí...

Golden record

nuestra existencia se disipa en el cluster número doscientosytantos una supernova nos manda su afecto más rápido que la luz y nosotros lanzamos un par de bombas atómicas sobre pueblos llenos de civiles 500 metros sobre una cancha de tenis, a medio camino entre un arsenal y una fábrica de acero necesarias como el plástico residual en los estómagos de las ballenas o la epidemia de sífilis provocada a esas mujeres guatemaltecas debimos dejar precisos los monumentos de esta estupidez la extinción diaria de 150 tipos de animales las emisiones contaminantes de los volkswagens los pastores y los que pagan su diezmo a cambio de sus promesas los pedófilos que durante décadas ocultó la iglesia católica apostólica y romana porque los discos dorados en el voyager 1 sus 56 saludos en distintos idiomas y toda nuestra música son de un tipo de ficción que esta especie  extinta no se merece

Negación posmo

Todo esto ya lo sabés, alguien lo repitió en una fiesta y se quedo instalado en el fondo de tu cabeza. Primero, practicaste la duda de manera casual. Nada, ningún conflicto saltó en la noche estrellada de tu mente. Luego, verificaste. Una búsqueda, un registro electrónico y la confirmación digital en una pantalla azul. Todo esto ya lo sabés, porque alguien lo volvió a decir en el autobús, de camino al trabajo. Ya no te sudan las manos, ya no te sentís el ignorante del transporte público aunque es lo mínimo a que muchos podemos aspirar. ¿Qué hacés? Nada. Cosechar espinos y poblar ese rincón de otras ideas que no te sean de gran conflicto. Evadir, llenando esa evasión de placeres culposos; andá, prepará el café con otra cucharada de azúcar, andá, poné otro capitulo de cualquier serie que te haga olvidarte de tu existencia, andá, dormí el sueño de los caídos y los tibios. Todo esto ya lo sabés, y la tercera que es además la...

89 kilómetros por hora

Se hace tarde en las cortinas del autobús que dejan pasar las sombras de la carretera. Intentás adivinar qué serán esas figuras. El ligero parpadeo de un sol es lo único recurrente en esa imaginación diminuta donde sólo podés nombrar a lo desconocido con tus propios recuerdos.

Uxmal

la época más fría es en enero te dice el conductor justo cuando se acaban los tópicos comunes y las conversaciones forzadas él ya sabe que no pertenecés a esta ciudad y vé de reojo la forma en que te sorprendés con las calles ajenas sus señales que rápidamente olvidás y calla su nombre también se desvanece te deja perderte en vos mismo